LAS FRUTAS
DULCES
    Las frutas dulces son aquellas que entre
    sus componentes quimico-organicos
    predominan los azucares, y son estos a
    los que deben precisamente su agradable
    dulzura.

    La proporción de azúcar varia aun entre
    las frutas de a misma especie, de
    acuerdo con la maduración y otros
    factores, ya que todos ellos son en
    realidad acidas antes de haber alcanzado
    la madurez.

Los azucares son pues, los primeros productos de oxidación de los alcoholes
poli atómicos de carácter aldehídico y quetónico.
Desde el punto de vista de la nutrición, puede darse a los diversos azucares el
valor de la glucosa, puesto que son aprovechados solamente cuando están
transformados en dicho azúcar. La glucosa tiene la ventaja de ser fácilmente
asimilada, constituyendo de este modo el principal combustible del organismo.

    Las grasas deben también quemarse en el cuerpo,
    y para esto requieren un fuego sostenido por los
    azucares.
    En este grupo están incluidas también las frutas
    secas o desecadas, como o las pasas, ciruelas
    secas, orejones, etc.,  en este estado dichas frutas
    han perdido su agua de constitución por
    evaporación, y los ácidos que encerraban han sido
    transformados en azucares; parece pues que
    durante la desecación ocurre una importante
    inversión de la sacarosa.

Las frutas azucaradas son sumamente nutritivas, por lo que se recomienda a los
desnutridos, debilitados y particularmente a los niños, puesto que son también
ricas en vitaminas, sales minerales, proteínas, etc.

    La combinación de las frutas dulces con las acidas
    debe evitarse, porque al mezclarse los ácidos con
    los azucares, retardan a que estos sean
    transformados en glucosa; permaneciendo más
    tiempo en el tracto digestivo y originando
    fermentaciones toxicas a veces.
    Asimismo no se las debe mezclar con los aceites,
    porque pueden producir fermentaciones alcohólicas.

Finalmente, hay frutas en las cuales los ácidos no se transforman
completamente en azucares, por consiguiente son agridulces o subacidas, como
sucede por ejemplo con la manzana, de aquí que surja una dificultad cual es la
de clasificar una determinada fruta en uno u otro grupo; así ocurre con la uva y
la pera, en que unos autores las colocan entre las acidas, mientras que otros
entre las dulces.
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